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Antecedentes Históricos

Reseña histórica con relación al surgimiento y evolución del concepto de Área Natural Protegida

Las Áreas Naturales Protegidas (ANPs), son zonas esenciales para la conservación de la biodiversidad. Son la piedra angular de muchas de las estrategias nacionales e internacionales de conservación, están destinadas a mantener ecosistemas naturales operativos, actuar como refugios para las especies y mantener procesos ecológicos incapaces de sobrevivir en los entornos terrestres y marítimos con un mayor nivel de intervención humana. Las Áreas Naturales Protegidas actúan como indicadores que nos permiten entender las interacciones humanas con el mundo natural. Frecuentemente constituyen la última esperanza con la que contamos para impedir la extinción de muchas especies amenazadas o endémicas. Son complementarias de otras medidas destinadas a conseguir la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad fuera de las Áreas Naturales Protegidas. La mayoría de estas zonas especiales de conservación se encuentran en ecosistemas naturales o casi naturales, o que se están restaurando para recuperar dicha condición, aunque existen excepciones (Dudley 2008).

 

Hoy en día, existen en el mundo unas 30 mil Áreas Naturales Protegidas con una superficie equivalente al 8.8 por ciento de la superficie planetaria (Tucker et al 2005), de las cuales aproximadamente 440 son reservas de la biosfera. La modalidad de reserva de la biosfera representa el paradigma contemporáneo de la conservación, que supone la conservación de la biodiversidad de especies y principalmente de ecosistemas, el uso sustentable de los recursos naturales y el mejoramiento de la calidad de vida humana; por tanto, la creación de las Áreas Naturales Protegidas, ha sido realmente una estrategia central para la conservación de los recursos biológicos por más de un siglo. A pesar de que el concepto de este esquema de protección no es muy antiguo, en Asia se encuentran los primeros esfuerzos por mantener grandes extensiones de tierra bajo el control del Estado, con fines de protección a la naturaleza. El Área Protegida más antigua de la que se tiene conocimiento es el bosque de Sinharaja en Sri Lanka, el cual es hoy en día una reserva forestal y en 1988 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la U

NESCO (IUCN & PNUMA 2002).

 

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Este y otros ejemplos como el caso de Inglaterra, donde los reyes y hacendados de amplios dominios feudales en Francia fueron los propietarios directos de más de la mitad del territorio inglés, sometiendo estas tierras exclusivamente a actividades de casa (como diversión) y explotación de bosques, fomentando a su vez la limitación agrícola y la producción de carne, constituyen la primera generación del establecimiento de estos sitios especiales de conservación, los cuales eran identificados por los cotos de caza, como una respuesta a satisfacer las necesidades de propietarios de grandes extensiones de tierras privadas, que deseaban garantizar para si mismos un suministro adecuado de productos alimenticios (carne) o para la construcción de casas (madera) entre otros (Halffter 2005).

 

 

Una segunda generación de Áreas Naturales Protegidas (ANPs) se inaugura con Yellowstone (1876), y se constituye por los Parques Nacionales, cuyo objetivo de preservar los espacios naturales, la tierra virgen atractiva al turismo y la recreación, sin la intervención humana, han tenido una gran influencia en todo el mundo (Halffter 2005). En nuestro país, durante la década de los 30s del siglo pasado, ocurrió una eclosión de Áreas Naturales Protegidas, muchas de las cuales aún existen bajo decreto; sin embargo, es necesario aclarar que aún cuando varios de esos decretos mantienen vigencia jurídica, hay algunas áreas que no cumplen con los requisitos para ser reconocidos y manejados como parques nacionales.

 

foto-hist6Actualmente, nos encontramos en una tercera generación; en este momento es difícil encontrar y manejar grandes extensiones de tierra sin impactos antropogénicos (es decir inducidos por el ser humano) mayores (como durante la segunda generación de Áreas Naturales Protegidas), se está dando cuenta de un eminente hecho que es la fragmentación de los hábitats, y por tanto la necesidad de manejar mosaicos de ecosistemas transformados por el hombre, algunos ya transformados irreversiblemente desde el punto de vista ecológico; por ello, la nueva conceptualización y operación de las Áreas Naturales Protegidas, tendría que obedecer a esta nueva tendencia y tratar de revertir algunos procesos negativos de la antropización (transformación del medio ambiente por la intervención humana) sobre las áreas.

 

Se ha asumido que la biodiversidad en situación más crítica y que requiere protección, existe en las áreas prístinas (aquellas áreas que se suponen vírgenes). Se ha argumentado y presentado evidencia que indica que esta percepción está equivocada, ya que está basada en datos de un número limitado de organismos y de sitios protegidos (Allen et al 2003). En contraste, sabemos que la mayor biodiversidad mundial en la actualidad existe fuera de las Áreas Naturales Protegidas, en regiones habitadas y usadas por culturas tradicionales del presente o del pasado; de hecho se ha señalado que muchas de las áreas que hoy queremos proteger, son áreas que fueron habitadas en el pasado y utilizadas por siglos, como es el caso de la zona maya (Gómez-Pompa et al 2003). Lo anterior ilustra algunas de las necesidades para una nueva conceptualización del mundo natural y que sobre esa base se definan las nuevas relaciones del hombre con sus entornos naturales. En este sentido, por ejemplo, la propuesta de Allen et al (2003) sugiere la creación de una red de áreas protegidas gubernamentales, campesinas y privadas que integren mosaicos conservacionistas campesinos de alto valor por su diversidad biológica, ecológica y genética.

 

Hay distintas definiciones y categorías de Áreas Naturales Protegidas; pero sin duda, la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN) a través de su Comisión de Áreas Naturales Protegidas establece en 1992 la definición que hasta el momento ha sido la más aceptada: “Un Área Natural Protegida es una superficie de tierra y/o mar especialmente consagrada a la protección y el mantenimiento de la diversidad biológica, así como de recursos naturales y los recursos culturales asociados, y manejada a través de medios jurídicos u otros medios eficaces".

  

Sin duda alguna este panorama internacional muestra que la protección de muchos de estos sitios pueden tener un futuro prometedor. Pero ¿Cuál ha sido la situación de las Áreas Naturales Protegidas en países como México?

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México es un país con una añeja tradición en lo relativo a conservar la vida silvestre por medio de Áreas Naturales Protegidas (ANPs). En las culturas prehispánicas por ejemplo, parece haber sido una práctica usual, dadas las creencias y necesidades que nuestros antepasados tenían. La evidencia arqueológica se remonta, cuando menos, al Periodo Clásico. Un ejemplo lo constituyen los mayas de la península de Yucatán quienes cultivaron terrenos que tenían una diversidad florística muy superior a la del resto de la selva; en ellos, aún existen muchas especies de plantas, palmas y árboles que no se encuentran usualmente en la flora de la región, tal como lo relatan Gómez Pompa et al (1987), con el ejemplo del Pet-koot (cercado redondo), que los indígenas de Yucatán usan para designar estas acumulaciones de plantas útiles, y que en realidad no son más que Áreas Protegidas que fueron heredadas desde tiempos milenarios (De la Maza 2000).

 

En la actualidad, a raíz del interés mostrado en los años 70’s por personalidades del ámbito de protección ambiental como Miguel Álvarez del Toro, Arturo Gómez Pompa, Gonzalo Halftter, José Sarukhan, Alfredo Barrera, y muchos otros, el entusiasmo por la creación de las Áreas Naturales Protegidas creció a nivel Nacional y en 1988, como parte del gobierno de Miguel de la Madrid se planifica e instituye el SINAP (Sistema Nacional de Áreas Protegidas) al considerarse que México contaba con un gran número de estos sitios especiales de conservación decretados (De la Maza 2000).

 

Con esta iniciativa presidencial, la promulgación de leyes emitidas en pro de la protección al ambiente, y la creación de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) el tema de las áreas Naturales Protegidas toma fuerza no sólo para los gobiernos y científicos a nivel nacional, sino también a niveles estatales, donde Veracruz es unos de los estados que cuenta con un mayor número de estos importantes sitios de conservación, entre los que se encuentran no sólo Áreas Naturales Protegidas de carácter Federal o Estatal, sino también Áreas Privadas de Conservación (manejadas por particulares) y Sitios Ramsar (humedales de importancia internacional), que por disposición legal del Estado de Veracruz, conforman actualmente lo que se conoce como Espacios Naturales Protegidos (ENPs), y que siguen siendo la piedra angular de la mayor parte de estrategias de conservación en el Estado.

 

Sin duda, constituyen uno de los principales núcleos de los esfuerzos para proteger las especies amenazadas y cada vez más se reconoce su papel esencial como proveedores de servicios ecosistémicos, biodiversidad y recursos naturales; además, es importante resaltar que los Espacios Naturales Protegidos, se proponen como áreas para la conservación de este patrimonio natural y cultural y pueden contribuir a conciliar la conservación, el aprovechamiento de los recursos naturales y el mejoramiento de la calidad de vida humana.

 

Fuentes de Consulta

Allen, M.F., A. Gómez-Pompa, E. Rodríguez-Luna y J.J. Jiménez – Osornio. 2003. La conservación de la biodiversidad en áreas no protegidas: Un enfoque de redes. En: Memorias del simposio “Hacia una evaluación de las Áreas Naturales Protegidas del trópico mexicano”. CCDS-RSSE, UV. Xalapa, Veracruz.

De la Maza, R. 2000. Breve historia de las Áreas Naturales Protegidas de México. SEMARNAT. México, DF.

Dudley, N. (Editor) 2008. Directrices para la aplicación de las categorías de gestión de áreas protegidas. Gland, Suiza: UICN.

Gómez-Pompa, A., J. S. Flores & V. Sosa. 1987. The “Pet Kot” a man-made tropical forest of the maya. En: Biocience 12 (número 1): 10 – 13.

Gómez-Pompa, A., M.F. Allen, S.L. Fedick & J.J. Jiménez-Osornio. 2003. The lowland Maya area: Three millenia at the human-wildland interface. U.S.A.: The Haworth Press, Inc.

Halffter, G. 2005. Towards a culture of biodiversity conservation. En: Acta zoológica Mexicana 21(número 2):133-153.

The World Conservation Union (IUCN), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). 2002. Manejo de Áreas Protegidas en los Trópicos. UICN, Gland, Suiza.

Tucker, G., P. Bubb, M. De Heer, L. Milles, A. Lawrence, J. Van Rijsoort, S.B. Bajracharya, R. Chandra, R Sherchan & N. Chapagain. 2005, Guidelines for Biodiversity assessment and monitoring for protected areas. UNEP-WCMC-Darwin initiative. Kathmandu, Nepal. 132 p.

The World Conservation Union (IUCN), y World Commission for Protected Areas (WCPA). 2000. Áreas Naturales Protegidas. Beneficios más allá de las fronteras. Informe para consulta, segundo Congreso Mundial de la Naturaleza. Amman, Jordania.

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